Los tapones de rosca en los vinos generan controversia y opiniones enfrentadas entre los consumidores. Algunos entendidos se alejan de las botellas coronadas con aluminio, mientras que para otros, estas, no suponen ningún problema.
Los tapones de rosca en los vinos generan controversia y opiniones enfrentadas entre los consumidores. Algunos compradores se alejan de cualquier botella coronada con aluminio como si fuera el demonio y solo tienen ojos para los vinos con tapones de corcho.
Para otros sin embargo, no supone ningún problema y no afecta en absoluto a su decisión a la hora de adquirir esta o aquella botella.
Pero… ¿es acertada esa animadversión de los primeros hacia los tapones roscados de aluminio? Probablemente no. Entremos en materia.
Zonas geográficas de corcho y de aluminio
En España el 95% del vino que se embotella y se pone a la venta cuenta con el consabido tapón de corcho. El consumidor español asocia el tapón de rosca con un vino de baja calidad y poco prestigio y lo descarta rápidamente.
Es una de las razones por las que las grandes bodegas siguen fieles al producto del alcornoque siempre que el vino se comercialice en territorio español. En la emergente cultura de los vinos ecológicos o biodinamicos, la tendencia sigue siendo por la utilización del tapón de corcho.
Sin embargo, cuando ese mismo vino se exporta a países europeos o americanos muchas veces los tapones roscados de aluminio sustituyen al corcho sin que ello suponga ningún problema para el comprador centroeuropeo, nórdico o asiático.
De hecho, según encuestas del sector vinícola el tapón de rosca es el preferido por los consumidores europeos.
Si abandonamos la vieja Europa y nos desplazamos a nuestras antípodas descubriremos que naciones de gran tradición vinícola como Nueva Zelanda o Australia utilizan tapones de rosca en el 95% y 80% de su producción respectivamente.
Y lo hacen también en los productos de alta gama que pueden rondar los 1.000€ por botella.
El aluminio es joven y ecológico
Los tapones de rosca que se utilizan para las botellas de vino suelen estar fabricados en aluminio y fue la compañía francesa «La Bouchage Mécanique» la primera que los fabricó a finales de la década de los 50.
Hoy en día existen varios tipos como los Stelvin y los Roscap y como en todo, los hay de diversas calidades. Se pueden decorar de maneras diferentes que permiten incluso señalar la calidad del vino.
Son excelentes para embotellar vinos jóvenes. Hablamos de botellas que se abrirán en el plazo de un año y cuyos aromas afrutados estarán bien preservados, gracias al cierre hermético que proporcionan este tipo de tapones, que son una de sus principales cualidades.
Además, hoy en día la población está muy sensibilizada con el cuidado del medio ambiente y hay que tener en cuenta que el reciclado de los tapones de rosca no es caro y en ese desarrollo se ahorra más de un 90% de la energía que fue necesaria en su primera fabricación.
La crianza prefiere el árbol
Una de las asignaturas pendientes de los fabricantes de tapones de aluminio para vinos es la micro oxigenación. El cierre hermético impide la transferencia de oxígeno hacia la botella que sí se produce cuando la tapa es de corcho.
Esa entrada mínima de oxígeno permite al vino evolucionar, reducir su astringencia y redondear la concentración de taninos.
Es por esta razón por la que los vinos de guarda y crianza que van a reservarse en bodega durante bastantes años siempre llevarán tapón de corcho que, gracias a su elasticidad e impermeabilidad, se adaptará perfectamente al cuello de la botella.
Sin sorpresas desagradables
Seguro que todos hemos pasado por ese odioso trance de abrir un vino extraordinario y comprobar que está estropeado y tiene un horrible sabor a corcho.
Esto ocurre cuando el tapón de corcho se ve afectado por el famoso TCA y queda dañado por la descomposición de los triclorofenoles de hongos que pueden hallarse en el mismo tapón.
Los grandes productores de tapones de corcho llevan años luchando contra ese problema pero se estima que entre el 2% y 5% de los vinos coronados con corcho que se elaboran a nivel mundial, se estropean.
Las botellas que llevan tapón de rosca están a salvo de hongos puesto que la materia prima no es orgánica. Si hablamos de cifras, la horquilla de vino con tapón de rosca que acaba en malas condiciones se mueve entre el 0,2% y 0,5% en todo el mundo.
Ritual frente a comodidad
Dicen los entendidos que descorchar una botella de vino tiene algo de ceremonia solemne. El corte de la cápsula, los movimientos firmes, seguros y con la presión justa sobre el sacacorchos mientras se vigila la dirección del mismo.
Finalmente, la extracción del tapón y ese “pop” que es el toque de inicio de la degustación del vino y todo lo que trae consigo.
Pues bien, ese toque romántico de liturgia suele desaparecer cuando abrimos un vino con tapón de rosca: mano al cuello (de la botella), giro firme y a beber. Es mucho menos ceremonioso pero seguro que también puede ser el principio de algo interesante.
Todo es mucho más cómodo y si la botella no se acaba, se puede volver a cerrar cómodamente. Eso, en los establecimientos que sirven vino a copas, lo tienen muy presente.
Una opción más
Finalmente la conclusión que podríamos extraer es que deberíamos desterrar de nuestras cabezas esa idea de que los vinos con tapón de rosca son malos porque es falsa. Los tapones de rosca son una opción más que, como todas, obtiene mejores resultados en determinados tipos de vino.




























































